De Curicó a Iloca 1 mes después del 27-F
El sábado 27 de marzo, un mes después del tsunami y casi un mes atrás, con mi padre partimos a Iloca, teníamos que ver qué había pasado con nuestra “casa de la playa”.
Un café en la antigua “Hostería La Huerta” con pan con queso caliente me recordó aquellos viajes en bus de 4 horas (o más) entre Curicó e Iloca, de hace 20 o 25 años, donde la Hostería era parada obligada para los buses, ahí los choferes y auxiliares almorzaban, tomaban once o desayunaban mientras los 40 que íbamos arriba esperábamos pacientemente, no había apuro ni asfalto en el camino.
Próxima parada Hualañé con nuevo cajero automático del BancoEstado, se apreciaba daño en algunas casas; luego Licantén, donde tenía que parar a pagar mi permiso de circulación, con lo que fuera tenía que aportar para ayudar a la gente de Iloca.
Ahí pude conversar con la señora que me vendió el permiso y me decía que estaban sobrepasados con la demanda: LAN se había “puesto” con cerca de 600 patentes y TVN habría hecho otro aporte “importante”.
Luego la recta final, donde vendría lo que la TV no mostró ni puede describir; la llegada a La Pesca, con restos de casas, lavadoras, cocinas, refrigeradores, juguetes, restos de redes de pescadores, etc.
Después bajando por “El Peñón” comenzaban los letreros de agradecimiento y solicitud de ayuda y algunos metros más adelante El Campamento de La Pesca, desde el camino se veían algunas carpas y fogatas.
Seguíamos hacia nuestro destino, entre olores a aguas servidas y en descomposición, restos de casas, electrodomésticos, colchones, niños junto a sus padres caminando entre las ruinas y buscando cosas en lo que habrían sido sus casas.
Ya en Rancura se veían autos arrugados como papel o incrustados en las casas, algunas casas partidas por la mitad, otras sin techos o desplomadas.
Si bien el mar no se llevó nuestra casa, la dejó inhabitable, llena de arena, quebrada, con algunos muros menos y completamente descuadrada. Verla así fue impresionante, no estaba el olor típico de cuando llegábamos y abríamos la puerta para iniciar la temporada o un fin de semana de descanso, mi cama estaba llena de arena, las cosas que quedaban adentro estaban inservibles y algunas con agua descompuesta; había que salir luego de adentro, no era seguro estar ahí.
Seguimos hacia Duao, y ahí estaba la mentada escuela, 2 o 3 containers y unos juegos de fierro… no me cuadraba con la pompa que le había dado el Ministerio de Educación… en fin…
Almuerzo en “El Alero del Titanic” y seguimos hasta Lipimávida, donde pude conversar con la Señora Maribel, de Frutos de Lipimávida, quien nos contó desde primera fuente como fue lo del tsunami, sin incluir los típicos cuentos de “dicen que el mar…”. Fueron tres olas, una suave que era como una “subida de marea” y luego dos más que arrasaron con lo que encontraban a su paso.
Antes de la primera algunos no salieron de sus casas, por lo que tuvieron que nadar o dejarse llevar por el agua, ahí los que podían caminaban o se aferraban a un árbol o cerco. Así una señora del sector había perdido parte de una pierna por el arrastre de palos, autos, maderas, etc.
La historia es bastante larga y ver el daño que dejó el mar es asombroso y desolador, los medios de comunicación (que ya se olvidaron de esto), no son capaces de mostrar la realidad y sigo pensando que la campaña de Don Francisco fue para levantar el ánimo de un país golpeado por un megaterremoto y tsunami, dar por cerrado el tema en Santiago, realizar el cambio de mando en un ambiente “tranquilo”; así ahora el problema en “en el sur”, o sea “caso cerrado”… para que hablar de la construcción de mediaguas o de la conectividad de la VIII Región, particularmente de las provincias de Concepción y Arauco, eso da para otro post.


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